ZARAGOZA, EL PADRINO Y LAS GOLEADAS DEL BARÇA
Ese mismo enero montamos una pequeña expedición en autobús de línea a la Romaleda formada por: Nacho, Aurora, Piraña y Tequi(era el que siempre ponía la nota de juicio, aparte de ser el único que venia de su casa dormido). El último en llegar como siempre tarde fue Panas que además hizo que retrasáramos la salida del semidesértico autobús, lo que provocó las airadas protestas de un conductor que al llegar a Medinaceli nos amenazó con llamar a la Guardia civil si no abandonábamos el autocar. «¿Cuál es el motivo?», pregunté. » Estáis molestando al resto de los pasajeros”…Yo, recorriendo el bus, pregunté a un solitario compañero de viaje si le habíamos molestado en algo: «¡No, que va, para nada, estoy aquí muy a gusto a mi aire!». Me acerqué a un segundo que estaba más sopa que Blancanieves después de haberse metido un atracón de manzanas y bajito le susurre al oído: “Oiga, oiga”… pero él siguió dormido sin inmutarse. El resto del pasaje lo componía otro tipo que se había unido a nuestra farra y se lo estaba pasando pipa en la parte trasera del autobús. Así que le recomendé al exasperado conductor: “Anda tira para Zaragoza si no quieres que te dejemos el autobús que no se pueda leer ni el cartel de Aratesa”.
Tomando el vermú estábamos en una de las tascas del Tubo zaragozano, cuando entraron dos policías a requerimiento de una llamada telefónica del hostelero y estos, sin preguntar, se fueron a por nosotros, tras lo cual el susodicho hostelero les comento algo molesto: “Que no éramos nosotros los que habíamos provocado su llamada”, a la vez que señalaba a un pobre borrachín que junto con nosotros formaba la exigua clientela del bar, haciendo ver a los agentes del orden su bochornosa metedura de pata. Nosotros, simulando indignación, le pagamos al borrachín el par de vinos que no podía o no quería pagar y nos lo llevamos a otro bar.
Como ya os conté al principio, no nos dejaron pasar la bota llena y nos la bebimos en la puerta, por lo que entramos al campo más que alumbrados. Aunque creo que la más alumbrada de todos era Aurora que no hacía más que repetirme: “¡Joder, que frió que hace hoy en Vallecas!”.
Como no podía ser de otra manera, el partido lo perdimos con gol de Gay. ¿Cómo se puede llamar un tío así?. Nos descojonábamos por aquel entonces con las alineaciones del equipo maño: «Cerdun», Gay, «Pardilefa», «Paquete Higuera» y «Agua… guau… guau… guau… do», haciendo dúo canino con el Chucho Solana, mientras les cantábamos ¡»Zarapota» Real Madrid B»…! Como habréis comprobado no le tengo mucha simpatía a este equipo inquilino de la «Potaleda», repulsión que es inversamente proporcional al cariño que proceso a la ciudad y a sus gentes. Pero en fútbol no tengo ninguna filia por una afición pro madridista, muy crítica con su equipo, al que no le perdona en lo más mínimo las derrotas, defecto compartido con las hinchadas madridista y ché, siendo a mí entender las tres aficiones posiblemente con la media de edad más alta y quizás, como consecuencia de ello, las más crueles con sus propios colores.
Esta derrota pasó a la intrahistoria del equipo por ser el primer partido que afrontamos sin Futre, que huyó al Benfica tras declarar: “Prefiero jugar en regional que volver al Atlético”. Su espantada al equipo lisboeta fue tomada por los sportingistas como un acto de traición a sus principios leoninos. Su huida se produjo en el preciso momento en el que el luso empezó a olerse que llegaban las duras a un club que daba nuevamente muestra de unas turbulencias que tuvieron su continuidad diez días después con el cese de Luis Aragonés, que aguantó en el banquillo eléctrico del Calderón la nada despreciable cifra de 58 partidos de liga ostentado el récord de todos los proyectos de la era Giliana. El hecho que desencadenó la destitución fue el ridículo futbolístico de una plantilla desorientada ante un Barcelona que nos plantó un 0-5 en el trofeo copero del cual, después de dos años, veríamos por primera vez su final por la tele. Ilusionados e ignorantes de lo que nos iba a venir encima presenciamos aquel partido en el primer anfiteatro lateral. Aurora, Snow, Guti (estos dos cules) y por supuesto, el menda. Dejamos la grada del Calderón con las manos doloridas de aplaudir a ese ilusionista del fútbol que es Laudrup, que dio ante nuestros encandilados ojos una de sus muchas portentosas lecciones de FÚTBOL – con letras mayúsculas-. Yo a mi aire y a mis melones salí del campo cantando: “¡Esto lo arreglamos con 0-6!”. Deseo cumplido si el resultado de la vuelta lo hubiéramos visto desde un espejo. La leche… nos metieron otra vez 6-0. Lo peor de aquel partido de ida llegó al recoger el coche, cuando vimos que se lo había llevado la puñetera grúa municipal junto a otros cincuenta infelices que habían dejado su bote en la misma calle en la que horas antes, el «pitufo» que estaba regulando el trafico les daba permiso para estacionarlo. Todo el mundo echaba dioses y pestes: ¡Seguro que el jefe de policía de turno es un hijo puta vikingo!… ¡Me apuesto que ha ido a joder de una atacada a los atléticos y culés!…A pesar del putadón nosotros seguimos de cachondeo en nuestro peregrinar por los metros de Madrid.
Una tranquila tarde de aquel marzo del 93, estando en el bar viendo como el Barça empataba a dos en Moscú contra el Spartak, llegó Aurora a darme la más maravillosa noticia que a día de hoy haya recibido: ¡Mi hermano Quique había sido padre!…. No me lo podía creer. Era tío de una hermosa niña de 4`5 kilos, Rocío, de la que tengo la fortuna de ser padrino. Parece mentira… Es como si hace cuatro días fuéramos juntos al colegio, pegándonos y ya padre y yo tío. La vida pasa tan deprisa que da la sensación de que es un partido que vas perdiendo por uno a cero desde el principio. Pero hay que asumirlo, ya que ha sido así y será desde que el mundo es mundo.

Con mi ahijada Rocio en el Calderón.


Años mas tarde nacería mi sobrino Guillermo
Del siguiente partido de liga en Sarriá, Ovejero (el comodín de Gil al banquillo) salió victorioso. Aunque este triunfo no impidió la contratación del sudamericano Pastoriza, que harto de las goleadas del Barça (14 goles en tres partidos) fue al Camp Nou a jugar el partido más vergonzoso que hasta aquel sábado jamás había visto por Tele Madrid. No podíamos dar crédito a lo que estábamos viendo. Aquello parecía un partido del pressing-catch ese «henna» que echaban por la no menos «henna» Tele 5. Joder, la de hostias que repartieron. Estaba clara la táctica del nuevo míster: Si pasa el balón que no pase el tío. El caso fue que le salió bien la jugarreta al tipo este que mas bien daba la impresión de ser el tal Oswaldo Zubeldia, míster de aquel histórico Estudiantes de la Plata, que llegó a ganar una Intercontinental a base de practicar el fútbol más violento y marrullero que jamás se recuerde.
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Al igual que Esther, Andrés, Raúl y Cristina, tres jugadores del Barça tomaron camino de la ducha
El Barcelona veía como el mexicano Luis García les remontaba el gol de Koeman, al mismo tiempo que Pajares Paz sorprendentemente dejaba al equipo catalán con ocho, expulsando sólo a Vizcaíno por parte nuestra. Aquel engendro de partido seguro que hizo sonrojar a más de algún colchonero.
De nuevo cambio de entrenador. Pero esta vez, como novedad, Pastoriza no es cesado, sino que dimite por voluntad propia alegando que no consentía que Gil le hiciera las alineaciones. Se iba otro entrenador que llegó la misma semana que Gil declaró perlitas de Manacor que han pasado a la historia de las fanfarronerías del fútbol español: “A partir de ahora bajaré a los vestuarios a decir quien juega”. Así que se puede considerar que el orondo dirigente hacía el numero trece de los entrenadores desde que llegara al club en aquella final de Zaragoza. Otro histórico del club se sentaba en el nada pegadizo banquillo rojiblanco: Cacho Heredia. El final de liga lo vimos con la pobre emoción de saber si nos clasificaríamos para la UEFA.
Aquella temporada estuvimos a un solo gol de meternos en la final de la Recopa pero el Parma y el nefasto Smichdhuber nos lo impidieron, quedándonos aquel miércoles con las ganas de volver a una final europea, lujo que no estaba a nuestro alcance desde aquel lejano 85 en Lyón.
En aquellos cuartos de final de Recopa fue la última vez que pisé el Frente. El jolgorio era alucinante, no solo por los tres goles que le hicimos a los griegos del Olimpiakos, sino por los tres chicharros que el P.S.G le estaba vacunando al Madrid. Al final suspense… y Zamorano empataba la eliminatoria. «¡Joder, éstos qué potra que tienen!…Se oía a la gente, al tiempo que otro gol parisino dejaba a la Quinta del Buitre sin su tan ansiado título europeo. Nosotros a Guadalajara a tocar las narices a los vikinguillos y a cantarles el himno del «Atletico de Paris».

El mítico «Parque de los príncipes» fue testigo de una nueva eliminación europea del Madrid
Habíamos terminado la liga en sexta posición y necesitábamos que el «Mandril» ganase la final de Copa contra el Zaragoza para meternos en UEFA. Yo era de la corriente de opinión colchonera que prefería no jugar el torneo europeo antes de que el «trampas» ganase aquella Copa. Total… ¿para qué?… si en Europa nunca podríamos hacer nada mientras Gil no dejase de insultar y provocar a los dirigentes del fútbol continental.

Tras varias temporadas sin rascar un titulo celebraron la copa como si hubiera sido de Europa. Una costumbre muy colchonera.
El sorbo de aquella copa le supo amargo al madridismo después de haber vuelto a perder la liga en Tenerife, aunque esta vez con un resultado menos ajustado( 2-0) y con un arbitraje más que dudoso (aunque parezca mentira) del que aquel año se convirtió en el enemigo publico numero uno del madridismo: Celino Gracia Redondo. Pasarán a la historia aquellas frases de Fernando Hierro: «¿Qué pasa, que tú comes pastillas o qué?»… O aquella de Anoeta: «¿Tú no sabes cómo jodernos? «…Curioso defensa este Veleño que va muy bien de cabeza… y como dijo aquel genial central ingles del Liverpool llamado Alex Hansel: “Cada vez que un defensa cabecea un balón pierde 150 neuronas”. Aunque es posible que el orejudo jugador madridista cabeceara con el doble de fuerza por que si no, nadie se explica su aparente pérdida neuronal

Derticia marcó el primer gol de la «segunda de Tenerife».
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CINCO FINALES Y UNA LIGA (Cap 21) VESPAS DE GUADALAJRA EUROPEAN TOUR

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